Nada dura para siempre.

 


Una persona que por el dinero es arrogante, lastima y mucho. Por ello, por si la vida nos permite llegar a contar con suficientes recursos económicos, las escrituras nos advierten: “Cuando te vengan buenos tiempos disfrútalos; pero cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios” (Eclesiastés 7:14). Muchos podremos llegar a pensar que estamos en donde estamos por nuestro esfuerzo, por nuestro trabajo, porque somos luchadores, pero, es Dios quien nos ha permitido llegar allí y nadie más. Job dijo: “Jehová dio, Jehová quitó… bendito sea su santo nombre” (Job 1:21). Cristo nos da un consejo para que cuando tengamos no solamente no lleguemos a ser arrogantes, sino preveamos los malos tiempos. En el evangelio de Lucas se nos ilustra de un mayordomo que cuando supo de su despido preparó su futuro ayudando a otros (Lucas 16:1-14). Ese es un “secreto administrativo” delante de Dios. Cuando tengamos recursos no solamente pensemos en ropa de marca, en deleites, sino extendamos la mano para dar al necesitado, y que se lo merezca, NO al vago, al perezoso, al que “cree” merecerlo.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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