La duda razonable que sembramos los creyentes. (Parte final).
Nos narra 1ª de
Crónicas, capítulo 21 y verso 1, que Satanás incitó a David a hacer un censo
para saber el número de su pueblo. Y, vemos en 2ª Samuel capítulo 24, los
resultados de haberlo efectuado. 1- David declara lo mismo que decimos muchos
de nosotros para justificar nuestras actitudes y acciones: “Que me juzgue Dios
y no los hombres” (verso 14). ¿Cuáles fueron las consecuencias de dicha
declaración? Veamos: Jehová mandó la peste sobre el pueblo y fallecieron 70,000
personas “inocentes” (verso 15). Fue entonces que David abrió sus ojos y se dio
cuenta de su error, pues “otros”, siendo inocentes fueron los que pagaron su
culpa; así qué, hasta ese momento pidió ser él quien fuera castigado (ojalá
entendamos el mensaje). 2- Vemos en el verso que sus acciones fueron dirigidas
por “Satanás” no por Dios, por eso hubo tan malas consecuencias. 3- Nosotros
los creyentes “olvidamos” que no somos nosotros nuestros abogados defensores
sino Cristo (1ª Juan 2:1), por eso sembramos nosotros mismos la duda razonable,
pero sin buenas consecuencias.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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