El dinero y las decisiones (Parte uno).

 


Nos hemos cansado de escribir acerca de las consecuencias de nuestras decisiones, ciertamente que Dios nos ha dado libertad, pero también es verdadero que la hemos convertido en libertinaje con la excusa que nosotros solo le entregaremos cuentas a Dios y no a los hombres, olvidando que somos sus epístolas, sus cartas abiertas para que el mundo sepa lo que es o debiera ser un creyente (2ª Corintios 3:2-3). Hemos escrito también mucho acerca de los dos pilares sobre los cuales han sido sostenidas las relaciones humanas por toda su historia: “El dinero y el sexo”. El dinero y el sexo han tirado al traste pueblos (Sodoma y Gomorra) y aún a los grandes imperios (Romano) ya no digamos a seres humanos en lo individual. Olvidamos que Dios es el dueño de la tierra y de todo lo que en él habita (Salmo 24:1); y que la infidelidad o abuso de la confianza ofende muchísimo a Dios (Ezequiel 16 completo). Pero sobre todo olvidamos que también “honrar” a Dios implica el buen administrar del dinero y la pureza de lo que con él hagamos (Proverbios 3:9-10; 5:8 y Colosenses 3:23).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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