Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Isaías 54:2
Cuando la escritura nos dice que presentemos nuestros cuerpos en sacrifico vivo, no está implicando que nos suicidemos, ni que hagamos ningún acto de flagelacón propia, ni nada parecido a la violencia física (Romanos 12:1). Implica una “negación” a los placeres que el mundo nos ofrece, esos placeres los menciona el mismo apóstol autor de èsta epìstola (Pablo) en otra carta que también escribió, solamente que a los creyentes de Gàlatas: “Y manifiestas son las obras de la carne”, en donde leemos que son entre otras: adulterios, fornicaciones, lascivias, hechicerìas, pleitos, celos, envidias, iras, contiendas, homicidios, etc. ¡Cuidèmonos entonces! Tan sólo eso es lo que nos pide el Señor: Guardarnos de NO participar en lo que el mundo ofrece como placeres, pues son una distracción y perdición para nuestra vida espiritual. Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
En el Antiguo Testamento las mujeres estèriles eran objeto de menosprecio y de burlas, porque estaba ligada a dos situaciones: 1- Porque había habido adulterio entre sobrino y tìa o tìo y sobrina polìticos, lo cuál no solamente era vergonzoso sino también pecado (Levìtico 20:20; Gènesis 29:31). Y, 2- Porque se creìa que un vientre estéril o infertil era una maldición de Dios, pues al no poder tener hijos definitivamente de ella no podía venir el Mesìas, que era una promesa hecha desde el principio (Gènesis 12:1-5). Ese motivo, dicho sea de paso, era la razón por la cuál las familias hebreas eran tan numerosas, pues mientras más hijos tuvieran más oportunidad había que el Mesìas naciera en esa familia. Volviendo al punto principal, ambas situaciones de esterilidad eran humillantes. Ahora quizás comprendamos mejor la experiencia que se diò en la vida de Ana, una de las dos esposas de Elcana, cuando Penina que sì podía tener hijos se burlaba de ella, antes que Jehovà visitara a An...
Dios Padre en su gran misericordia no nos exige què: Para poder él hacerse presente en medio de una reunión tengamos que ser cien, quinientos, ni mucho menos miles de personas clamando al unìsono. Dios es claro: “En donde se encuentren dos o tres” (Mateo 18:19-20), esa es la cuota que él pide. Y, ¿Ya nos preguntamos què costo se necesita para poder reunir a dos o tres personas, cuando solamente en nuestro propio techo u hogar llenamos ese requisito? Sabìamos què: ¿Cuando Cristo vino físicamente a la tierra criticò fuertemente a los religiosos por el abuso de poder y autoridad hacia las ovejas (vea Mateo 23 completo). Sabìamos què: Cristo predicò más en los montes, en casas privadas, en las entradas a los cementerios, en el lago, en la calle… que en las propias sinagogas. Sabìamos quê: Dios Padre hace 26 siglos aproximadamente ofreció “Un Nuevo Pacto” en donde nadie enseñarìa a nadie y en donde todos le podemos conocer personalmente en la intimidad” (Jeremìas 31:1, y 31...
Que el Señor te bendiga y haga resplandecer su rostro sobre tí, amorcito!
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